miércoles, 25 de septiembre de 2013

La caza del ciervo en la berrea.

    Cada año, desde finales de agosto hasta principios de octubre dependiendo de la situación geográfica y la evolución del clima es decir de las lluvias de otoño los ciervos entran en celo y se aparean con las ciervas ofreciendo un hermoso ritual que no deja indiferente a quien tiene la suerte experimentarlo.

     El ciervo es una especie autóctona en la sierra de Albarracin y, sin lugar a dudas, uno de los animales más espectaculares de cuantos podemos ver en nuestros montes.
   Una de las características definitorias de esta especie es el denominado desmongue que todos los años, al final de invierno, el macho pierde la cornamenta quedando totalmente desarmado durante cuatro meses, tiempo que tarda en volver a tener unos cuernos perfectamente formados.
Según va creciendo el animal, a cada desmongue la cornamenta va aumentando en tamaño consiguiendo su mayor desarrollo cuando el ciervo cumple los seis años.

     El comienzo de la etapa reproductiva de las ciervas es lo que desencadena el maravilloso espectáculo que es la berrea y suele estar ligado a la aparición de las primeras lluvias y a la reducción de las horas de luz, hecho que activa la secreción de las hormonas estimulantes de los ovarios, provocando una mayor secreción de hormonas que atraen a los machos.



    Como ocurre con otras modalidades cinegéticas, lo fundamental para el cazador antes de aventurarse a realizar un rececho es conocer bien el terreno. 
   Para ello debemos reconocer el terreno previamente con el fin de conocer la orografía, veredas y sendas de paso de la zona. Tanto las escotaduras como la frescura de los excrementos son excelentes fuentes de información que nos ayudarán junto con la lectura de huellas a determinar las posibilidades del cazadero.

      Si somos capaces de "leer" el suelo, guiándonos por las huellas que nos encontramos podremos establecer de forma aproximada la envergadura y edad del animal, si es este joven o adulto, si pasaba tranquilo o corriendo, en grupo o solitario etc.
   Toda una serie de signos que reflejan las huellas que nos permiten saber de qué tipo y condición son los animales que frecuentan el paraje y que todo buen recechista debe tener en cuenta para localizar la pieza deseada.
     En los últimos días de berrea, cuando los grandes ciervos sufren las secuelas del gran desgaste físico al que se han visto sometidos, es fácil localizarlos buscando la sombra e incluso podremos verlos dormidos en pleno día. Las posibilidades de localizar un buen trofeo se multiplican en esta época y los grandes ciervos suelen dar la cara en algún momento de la mañana o a última hora de la tarde.
Otro dato importante es saber dónde comen y abrevan, no tanto los propios machos como las hembras, si hay huellas que confirmen su presencia los machos andarán cerca en plena época de celo.
    Se trata de un rececho, en el que basta con echarse al monte a las horas de anochecida y/o amanecida, cuando podremos escuchar los berridos; unos sonidos que nos servirán para localizar al ciervo al que el cazador deberá acercarse sigilosamente para después tratar de abatirlo.
  
     Una dificultad marcada principalmente por el tipo de terreno por el que nos debemos mover. Debemos tener en cuenta que nos encontraremos a mediados del mes de septiembre, por lo que habremos dejado atrás un caluroso verano que sin duda tiene sus efectos sobre nuestros campos: el monte estará sumamente seco y moverse en él sin hacer ruido será algo así como “misión imposible”.
    En este sentido hay quien ha desarrollado auténticas teorías sobre cómo debe andarse el monte en la berrea: apoyar toda la planta del pie, empezando desde el talón hasta la punta, en un movimiento pausado y sabiendo siempre de antemano donde vamos a colocar el siguiente pie.
    Las paradas deberán ser, obligatoriamente, muy numerosas, puesto que son imprescindibles para reconocer el terreno correctamente y para poder llegar a determinar de dónde surgen los berridos.
     Si el terreno, todavía se encuentra demasiados seco y presenta unas condiciones en las que es imposible caminar sin delatar nuestra presencia, tal vez lo mejor sea buscar un lugar querencioso para situarse tranquilamente a la espera. Para ello lo mejor es buscar los lugares por dónde suelan carear las hembras y apostarnos por allí.
Aparte de los cebaderos, las bolas de sal y los consabidos puntos de agua, existen otros lugares concretos, conocidos como “plazas o picaderos”. Se trata de arenales abiertos de vegetación a donde los venados acuden con asiduidad durante la berrea, resultando también ser unos sitios estratégicos para esperarles y a poder ser a espaldas del sol
    
    En cuanto al disparo debemos tener en cuenta que normalmente tiraremos sobre un animal que se encontrará parado y que además no debe saber nada de nuestra presencia. Como ya hemos dicho, conviene acercarse lo máximo posible y casi con seguridad tendremos la posibilidad de apoyarnos correctamente. Esto unido al tamaño de la pieza que estamos intentando cobrar, hace que se reúnan todas las características para un disparo perfecto; a pesar de lo cual los errores
son algo común.

No hay comentarios:

Publicar un comentario