martes, 26 de septiembre de 2017

La tradición de la caza


      Como en otros órdenes de la vida, las formas, en la caza, tienen su porqué y su importancia. La permanencia de ciertas maneras a la hora de cazar se llama tradición y el paso de los años la respeta y va embelleciendo sus perfiles. Pero  no todas las tradiciones merecen igual respeto, pues algunas responden a la sacralización de algunos colectivos y empieza a estar mal visto la caza, aunque la mayor en muchos casos puede ser una plaga originando daños y accidentes pero aun así no está bien visto hoy en día alegando quejas y otras soluciones, que si el maltrato animal, que si por diversión otros lo arreglaban echando lobos como si los lobos no prefieren mucho mejor una oveja que una cierva o jabalí.

       En los tiempos que corren, con tanta sequia y con la merma de la caza menor con nuestra perdiz roja y nuestras liebres enfermando  por el uso indiscriminado de productos químicos en la agricultura, y con el conejo en horas bajas por la nueva cepa de la vírica, se impone más que nunca la mesura y el sentido común a la hora de cazar. Una manera de ayudar a una y a otro sería desvistiendo de modernidad nuestro equipo, restándole, por ejemplo, la discutible eficacia del tercer tiro de las semiautomáticas; también echaríamos una mano utilizando calibres más pequeños que el doce, que al cerrar un poco más el tiro, exigen una mayor destreza al cazador; o escatimando un poco los cartuchos, no disparando sobre piezas en el límite o fuera de tiro, tal y como lo hacían nuestros abuelos cuando los cartuchos eran un lujo a dosificar. En definitiva, cazando de una manera más tradicional, más cabal y más honrada con el campo.

       Seguir ciertas tradiciones, ya digo, que merecen la pena es la mejor forma de ponerle mesura a la excesiva eficacia con la que en ocasiones se viste la tecnología; también es una manera elegante de conducirse en el monte y en la vida, de mostrarle respeto al campo y de honrar la nostalgia de otros tiempos y el recuerdo de aquellas personas de las que heredamos esta impagable pasión que es la caza.


Ataque de jabali