lunes, 30 de julio de 2018

Las cabras montesas y los corzos se pasean por los pueblos casi deshabitados

     
      Las cabras se pasean por los pequeños pueblos del maestrazgo que casi no tienen habitantes ocupando los espacios públicos como parques o las plazas del pueblo y van comiendo lo que encuentran a su alrededor como puede ser las flores de las macetas o jardineras, al principio hace gracia el verlas, pero luego no crean más que inconvenientes, no respetan nada y pueden causar accidentes en las carreteras por su paso incesante.
     La familiaridad con que se mueven cabras y corzos por Montoro de Mezquita es tal que muchos días te asomas a la ventana y te encuentras de frente con la cabeza de una cabra comiéndose las macetas. A cambio, la presencia de este animal silvestre resulta atractiva para muchos turistas que acuden a Montoro de Mezquita con el objetivo de sentirse en plena naturaleza. "Si no ven cabras en el pueblo, se van en su busca por los montes cercanos; les hacen mucha gracia y se han convertido en un reclamo turístico"
      No son tan bien recibidas en Gargallo, una localidad de 120 habitantes situada entre un cerro rocoso de las estribaciones de la cordillera Ibérica turolense y el río Escuriza y atravesada de norte a sur por la carretera Nacional 420 (Córdoba-Tarragona) que comunica la capital provincial con el Bajo Aragón. Según advierte el alcalde, Agustín Ramos, cabras y corzos bajan del risco y cruzan la travesía para beber en el río, lo que ha provocado en los últimos años algunos accidentes de tráfico, si bien sin daños personales, "y sustos y frenazos de coche casi a diario, al menos en época de primavera, cuando se mueven más".
       


 Estos animales provocan daños en las zonas de cultivo próximas al pueblo. "Los campos de almendros y olivos jóvenes no prosperan y los huertos que no están vallados, acaban destrozados", explica. Añade que las cabras muerden también el césped del parque infantil que hay junto a la ermita.
Para evitar estos problemas, el Ayuntamiento y algunos particulares han cedido a la Sociedad de Cazadores que gestiona el coto de caza parcelas en zonas altas de la montaña en las que, desde este año, se ha sembrado cereal. El objetivo es que los animales encuentren en su propio hábitat el alimento que necesitan y no se desplacen hasta los aledaños del pueblo. "Hace unos años, cuando empezamos a verlas, nos parecía algo curioso y la gente disfrutaba contemplándolas en lo alto del monte desde la terraza del bar de la carretera, pero ahora son un inconveniente", destaca el alcalde de Gargallo.
   Los últimos recuentos oficiales en el entorno de Gargallo arrojan un censo de alrededor de 300 cabras montesas. Javier Gargallo, concejal del Ayuntamiento de este municipio y miembro de la Sociedad de Cazadores, señala que desde el coto de caza "se intenta controlar" el crecimiento del número de estos animales, que proliferan al no estar bajo la amenaza de ningún depredador y se acercan cada vez más a los núcleos urbanos a medida que estos se despueblan.
 El concejal considera que son un problema para el tráfico pero también es una atracción turística porque va mucha gente a verlas, no obstante, que, al menos, sería conveniente que la Administración competente "reforzara" la señalización que advierte de la presencia de fauna silvestre en la travesía urbana de la N-420 por Gargallo, ya que esta carretera solo cuenta con la típica señal triangular que indica peligro con un ciervo saltando en su interior.



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